Un equipo de investigadores ha realizado una revisión sistemática de la literatura científica publicada entre 2000 y 2025 para entender cómo el estrés afecta a los procesos cognitivos de los estudiantes universitarios. Combinaron evidencia de neurociencia y psicología, siguiendo protocolos rigurosos (PRISMA), para mapear tanto los efectos del estrés agudo como del crónico.
Los hallazgos muestran un patrón claro: un nivel moderado de estrés puede favorecer la consolidación de la memoria, pero cuando el estrés es intenso o se prolonga en el tiempo, afecta negativamente a la memoria explícita, la atención y las funciones ejecutivas del córtex prefrontal. A nivel neurobiológico, esto ocurre porque el estrés activa el eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal y libera catecolaminas, alterando la plasticidad sináptica en el hipocampo, la amígdala y el córtex prefrontal.
Los investigadores señalan que las respuestas emocionales actúan como mediadores: cuando la emoción es muy intensa, puede sesgarnos en cómo codificamos y recuperamos información, e incluso intensificar síntomas afectivos que interfieren con el aprendizaje. Estos resultados subrayan la importancia de crear entornos educativos que apoyen la regulación del estrés para proteger las capacidades cognitivas y mejorar el rendimiento académico.