Investigadores franceses estudiaron a 192 estudiantes de sexto curso de medicina que se presentaban a un examen nacional de alto nivel (EDN y nOSCE). Midieron estrés, ansiedad, estrategias de afrontamiento y uso de fármacos para entender cómo se relacionaban con el ranking final.
Los resultados revelan que el 92% reportó estrés que afectaba su vida diaria, especialmente la atención (83%), el sueño (79%) y la capacidad de aprendizaje (64%). Un tercio consultó psicólogo, el 15% usó benzodiacepinas, y la mayoría practicaba deporte (86%) o ejercicios de respiración (61%). Curiosamente, entre estudiantes con baja ansiedad versus alta ansiedad, no hubo diferencias significativas en el ranking final.
Esto sugiere que, aunque el estrés es real y debilitante, no determina directamente el éxito académico. Los autores señalan la necesidad de mejorar las prácticas de evaluación y desarrollar estrategias institucionales que protejan el bienestar de los estudiantes, más allá de intentar reducir la ansiedad.