Un equipo de investigadores ha realizado una revisión integradora de estudios preclínicos y clínicos que exploran cómo el estrés psicosocial influye en el cáncer. El análisis revela que el estrés crónico activa mecanismos biológicos específicos: dysregula el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, aumenta la liberación de catecolaminas y cortisol, y debilita la capacidad de células T CD8+ y células asesinas naturales para vigilar y eliminar tumores.
Más allá de la defensa inmune, el estrés prolongado favorece la angiogénesis (crecimiento de nuevos vasos sanguíneos) alrededor del tumor y acelera el envejecimiento celular. Además, la variabilidad genética en receptores adrenérgicos y glucocorticoides, junto con vías parasimpáticas protectoras, modulan cómo cada persona responde a estos factores de estrés.
En la práctica, esto significa que el malestar psicológico no es solo un problema emocional en pacientes oncológicos: es un factor biológicamente relevante que puede influir en la progresión del cáncer. Aunque el estrés también afecta indirectamente a través de hábitos de vida (sedentarismo, tabaquismo), la evidencia sugiere que abordar el bienestar mental forma parte del cuidado integral del cáncer.