Un equipo internacional ha analizado 53 estudios publicados entre 2010 y 2025 sobre cómo el estigma afecta a las personas con anemia falciforme, una enfermedad hereditaria crónica caracterizada por dolor recurrente y daño orgánico. La revisión incluyó investigaciones cualitativas, cuantitativas y mixtas de diferentes contextos globales para identificar patrones comunes en la experiencia de estos pacientes.
Los investigadores encontraron cuatro áreas principales donde opera el estigma: la desconfianza clínica y el desprecio de los profesionales sanitarios, la interiorización del estigma con efectos psicológicos negativos, la marginación interseccional (discriminación múltiple por diferentes características), e invisibilidad estructural dentro de los sistemas de salud. De manera consistente en todos los estudios, el estigma se asoció con una peor calidad de vida relacionada con la salud, retraso en la búsqueda de atención médica y deterioro de la relación entre pacientes y profesionales.
Estos hallazgos subrayan que el estigma actúa en múltiples niveles y refuerza las desigualdades sanitarias. Los autores concluyen que es necesario un cambio fundamental: centrar la atención en el paciente, promover la participación comunitaria e implementar reformas políticas para eliminar la estigmatización y garantizar un acceso equitativo al tratamiento para quienes padecen esta enfermedad.