El estudio exploró cómo el programa FridayFit, diseñado específicamente para personas en situación de exclusión social (sin hogar, con consumo problemático de sustancias), impactaba en su bienestar. Durante 4 meses, investigadores realizaron entrevistas y grupos focales con 20 participantes regulares, analizando sus experiencias a través del modelo socioecológico y la teoría del empoderamiento.
Los resultados mostraron beneficios múltiples: los participantes reportaron mejoras en fuerza, energía y forma física, junto con cambios emocionales como mayor confianza, estabilidad del humor y claridad mental. Pero lo más relevante fue el impacto social: el programa generó apoyo interpersonal, sentido de pertenencia e identidad compartida entre los participantes.
Este hallazgo sugiere que los programas de actividad física no son solo herramientas de salud individual, sino espacios donde personas históricamente excluidas pueden encontrar conexión, voz y empoderamiento. El enfoque comunitario y participativo —donde los miembros cocreaban el programa— fue clave para su éxito sostenible.