Investigadores encuestaron por teléfono a 1.504 trabajadores agrícolas contratados en Myanmar, combinando información sobre su exposición a conflictos armados, salud mental y productividad laboral con datos de eventos de conflicto registrados. El objetivo era entender cómo la violencia armada impacta en trabajadores particularmente vulnerables que dependen de salarios diarios y tienen empleo inseguro.
Los resultados fueron claros: el 39% de los trabajadores había estado expuesto a conflictos armados. Aquellos expuestos tenían el doble de probabilidad de presentar síntomas de trauma (27% frente al 17%), faltaban más al trabajo (28% frente al 23%) y reportaban peor desempeño laboral. En términos numéricos, la exposición a conflicto se asociaba con 7 puntos porcentuales más de absentismo y una reducción de 0,15 puntos en la escala de rendimiento laboral.
Lo relevante es que el trauma psicológico actuaba como mecanismo explicativo: casi el 18% del efecto del conflicto en el absentismo se debía a problemas de salud mental. Esto sugiere que invertir en apoyo psicológico para poblaciones vulnerables en zonas de conflicto podría mejorar tanto el bienestar individual como la productividad económica, algo especialmente importante para la seguridad alimentaria.