Un equipo de médicos británicos analizó retrospectivamente a 79 adultos con asma casi letal que no respondían a los tratamientos convencionales y fueron tratados con ECMO veno-venoso, una técnica de oxigenación externa que funciona como un «pulmón artificial». El 98,7% sobrevivió hasta el alta hospitalaria y a los 6 meses, lo que demuestra la efectividad del procedimiento. Sin embargo, durante el seguimiento a medio plazo, el 27,9% de los supervivientes presentó ansiedad clínicamente significativa, el 20,9% depresión y, notablemente, el 37,2% mostró síntomas de estrés postraumático.
Este hallazgo es importante porque sugiere que sobrevivir a una crisis respiratoria tan grave deja cicatrices psicológicas. Aunque la ansiedad y depresión fue menor que en otros pacientes tratados con ECMO, la prevalencia de trauma psicológico fue superior, probablemente relacionada con la naturaleza aterradora de no poder respirar.
Desde una perspectiva clínica, estos resultados subrayan que el tratamiento del asma grave no termina en la UCI: los supervivientes necesitan seguimiento psicológico sistemático. Detectar y tratar estos problemas de salud mental tempranamente podría mejorar significativamente la calidad de vida en la recuperación.