Un equipo de investigadores realizó una revisión sistemática de 24 estudios cuantitativos publicados en inglés que examinaban la relación entre el consumo de alcohol y la violencia de pareja (física, psicológica o sexual) en el momento en que ocurren los episodios. Los datos procedían de estudiantes universitarios, parejas, muestras comunitarias, pacientes clínicos y personas condenadas por delitos relacionados.
Todos los estudios analizados encontraron una asociación clara entre el consumo de alcohol en un momento específico y la perpetración de violencia de pareja en ese mismo contexto. Esta relación se mantuvo consistente en diferentes grupos demográficos y tipos de violencia, confirmando lo que se sospechaba desde hace más de 30 años: el alcohol amplifica significativamente el riesgo de actos violentos en la pareja.
Los autores señalan que es necesario investigar más para entender si ciertos patrones de consumo, cantidades específicas o niveles de intoxicación conllevan mayor riesgo, y cómo otros factores de riesgo interactúan con el alcohol. Clínicamente, sugieren que las intervenciones deben enseñar habilidades para gestionar los impulsos de beber o agredir en el momento, cuando más se necesitan, para reducir la violencia relacionada con el alcohol.