La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica que causa picor persistente y afecta significativamente la salud mental y la calidad de vida. El estrés y la ansiedad agravan los síntomas, generando un ciclo donde el rascado empeora la enfermedad. Un equipo de expertos japoneses en dermatología psicosomática quiso establecer un consenso sobre enfoques no farmacológicos para tratar esta conexión mente-piel.
Mediante un proceso Delphi en dos rondas, 17 expertos evaluaron 29 estrategias psicosomáticas. Veinticinco propuestas alcanzaron consenso (acuerdo de ≥75%), incluyendo: establecer buena relación terapéutica, evaluar la enfermedad desde perspectivas física y psicológica, construir un modelo biopsicosocial, ayudar al paciente a identificar factores que empeoran la dermatitis y la terapia grupal.
Estos resultados sugieren que los dermatólogos deberían incorporar rutinariamente intervenciones psicosomáticas—como entrevistas cuidadosas, validación del paciente y educación sobre el modelo biopsicosocial—en la práctica clínica. Reconocer cómo la mente y el cuerpo se influyen mutuamente puede mejorar resultados y romper el ciclo picor-ansiedad-rascado.