Investigadores siguieron a 1.250 mujeres en cuatro momentos clave: a mitad del embarazo, final del embarazo, y al mes y tres meses después del parto. En cada punto medían sus síntomas depresivos y su actitud hacia buscar ayuda psicológica profesional.
Encontraron un patrón claro: las mujeres con síntomas depresivos más intensos tendían a tener actitudes menos favorables hacia la ayuda psicológica. Pero lo más importante fue descubrir que esto funciona en ambas direcciones: tener una actitud más abierta a la ayuda psicológica se asociaba con menos depresión en los meses posteriores, y a su vez, el aumento de síntomas depresivos hacía que las mujeres se mostraran menos dispuestas a buscar ayuda.
Esto sugiere que la actitud hacia la ayuda psicológica podría ser un factor modificable para mejorar la salud mental perinatal. Sin embargo, los autores advierten de que estos efectos son modestos y que se necesitan estudios de intervención para saber si actuar sobre estas actitudes realmente reduce la depresión.