Investigadores europeos han analizado cómo cambia la capacidad funcional (lo que la OMS llama «capacidad intrínseca») en personas mayores de 50 años a lo largo de 7 años. La capacidad intrínseca engloba cinco dimensiones: cognición, vitalidad, movilidad, bienestar psicológico y función sensorial. El estudio incluyó a más de 27.000 participantes de varios países europeos con datos completos en 2015 y 2022.
Los resultados muestran que la capacidad funcional global declina de forma significativa en este período, con una pérdida media de 1,57 puntos en una escala de 0 a 50. Los hombres experimentan un declive mayor que las mujeres (1,71 vs 1,46 puntos). La movilidad es el área que más contribuye a este deterioro, seguida de otros factores. Además, los cambios en vitalidad correlacionan moderadamente con cambios en movilidad y bienestar psicológico, sugiriendo que la energía vital actúa como puente entre los aspectos físicos y mentales del envejecimiento.
Estos hallazgos tienen implicaciones prácticas: monitorizar cada dimensión de la capacidad funcional por separado, en lugar de usar una única medida general, permitiría identificar de forma más precisa dónde se producen los cambios más importantes en el envejecimiento y diseñar intervenciones más específicas.