Un equipo de investigadores revisó las mejores estrategias para reducir la ansiedad, el dolor y la angustia en niños durante procedimientos médicos. El estudio examina tanto intervenciones sin medicamentos (como juego terapéutico, técnicas de relajación, realidad virtual) como farmacológicas (sedantes como midazolam o ketamina, anestésicos locales).
La conclusión principal es que la planificación cuidadosa marca la diferencia: preparar al niño y los padres, elegir un entorno tranquilo, usar lenguaje positivo adaptado a la edad y personalizar el abordaje según cada caso aumenta significativamente el éxito del procedimiento. Las estrategias no farmacológicas—como terapia de distracción, visualización guiada o vibraciones—deben considerarse siempre como primera opción.
Cuando se utiliza sedación farmacológica, la decisión debe ser equilibrada: sopesar los beneficios (menos dolor, menor angustia familiar) frente a los riesgos (exceso de sedación o reacciones paradójicas). El equipo médico debe discutir con la familia cuál es la mejor opción, respetando siempre los protocolos locales de seguridad y supervisión.