Un equipo de investigadores británicos siguió a más de mil adultos de mediana edad durante varios años para entender si los patrones de alimentación emocional y descontrolada causan aumento de peso, o si es el peso el que favorece estos comportamientos. Utilizaron medidas objetivas de índice de masa corporal y porcentaje de grasa para analizar estas relaciones en ambas direcciones.
Los resultados fueron claros: las personas con mayor peso al inicio del estudio desarrollaron mayores incrementos en comer emocional y descontrolado cinco años después. Sin embargo, lo inverso no ocurrió: tener estos patrones de alimentación al principio no predijo cambios posteriores en el peso. Este patrón se mantuvo consistente en hombres y mujeres.
Esto tiene implicaciones importantes para cómo abordamos la pérdida de peso. Sugiere que los comportamientos de alimentación descontrolada podrían ser una consecuencia psicológica del exceso de peso, no necesariamente su causa. Los autores proponen que los tratamientos incluyan apoyo psicológico y conductual, no solo restricción calórica.