Un equipo de investigadores analizó datos de más de una década en una cohorte de adultos de mediana edad en Reino Unido para entender la relación entre el peso corporal y dos patrones de alimentación problemáticos: comer sin control (cuando comemos más de lo que queremos) y comer emocionalmente (comer para regular emociones). Utilizaron medidas objetivas de peso e índice de masa grasa corporal en dos momentos del tiempo, separados por varios años.
Los resultados desafiaron la creencia común: los participantes con mayor peso al inicio del estudio mostraron un aumento significativo en conductas de alimentación descontrolada y emocional con el tiempo, tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, tener estos patrones de alimentación al inicio no predijo cambios de peso posterior. En otras palabras, el peso parecía predecir cambios en la conducta alimentaria, pero no al revés.
Esto sugiere que vivir con sobrepeso o mayor adiposidad podría contribuir psicológicamente a desarrollar o intensificar patrones de alimentación desregulada. Los autores proponen que las intervenciones tradicionales centradas únicamente en la pérdida de peso podrían beneficiarse de atender también las consecuencias emocionales y psicológicas del peso corporal elevado.