Investigadores analizaron 21 estudios donde adultos sanos realizaban caminatas únicas en entornos reales, ya fueran naturales o urbanos. Midieron variables como frecuencia cardíaca, presión arterial y variabilidad del ritmo cardíaco. Los resultados fueron sorprendentes: no hallaron diferencias significativas entre caminar en la naturaleza y hacerlo en la ciudad en ninguna de las medidas fisiológicas agudas evaluadas.
Este hallazgo desafía la creencia común de que la naturaleza produce beneficios cardiovasculares inmediatos y medibles. Los intervalos de confianza fueron amplios e incluyeron la posibilidad de ningún efecto, lo que indica que la evidencia actual es inconclusiva y que existe mucha variabilidad entre los estudios analizados.
Los autores subrayan que esto no prueba que naturaleza y ciudad sean equivalentes, sino que la investigación actual no es suficiente para demostrar un efecto fisiológico agudo consistente. Advierten de que los beneficios psicológicos, la actividad física sostenida y los resultados clínicos a largo plazo requieren evidencia separada y mejor diseñada.