Investigadores de la Universidad estudiaron a 220 personas (edades 18-43) durante nueve meses, recopilando datos cada tres meses. El objetivo era entender cómo la adicción a redes sociales, el miedo a perderse algo importante (FoMO) y la exposición a contenido traumático de desastres se relacionaban entre sí.
Los resultados mostraron que existe una cadena causal: la adicción a redes sociales aumenta el FoMO, y este amplifica la exposición a contenido traumático. El FoMO actuó como mecanismo mediador, es decir, la razón por la que la adicción a redes potencia el trauma vicario. Cuanto más enganchados estamos, más miedo sentimos a perdernos algo, y eso nos empuja a ver más contenido de desastres y tragedias.
Esto tiene implicaciones prácticas claras: el consumo compulsivo de redes no es solo un hábito irritante, sino que puede afectar genuinamente nuestro bienestar psicológico cuando nos expone constantemente a tragedias mundiales. Comprender este mecanismo puede ayudarnos a reconocer cuándo nuestro comportamiento online se vuelve perjudicial.